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En los últimos años, hemos asistido a la entrada de capital extranjero en algunos clubes de fútbol españoles y europeos. Chinos, árabes, rusos e indios empiezan a ser habituales inversores de algunos equipos del deporte rey. Tradicionalmente, la nacionalidad que más invertía era Estados Unidos pero en los tres últimos años, China le ha superado. Una circunstancia extraña si tenemos en cuenta que el país asiático ha pasado de no invertir nada en 2014 a convertirse en el mayor inversor mundial en 2016, con 1.600 millones de euros destinados al fútbol internacional.

La cifra dista mucho de lo invertido por otros países: Estados Unidos, por ejemplo, invirtió 313 millones de euros en equipos como el Mallorca; Singapur destinó 256 millones de euros, entre otros al Valencia; Irán destinó 256 millones de euros en equipos como el Everton inglés; y el Reino Unido dedicó 182 millones de euros en varios clubes, entre los que destaca el Melbourne City australiano.

Según un estudio realizado el año pasado por la consultora británica Thinking-Linking, las adquisiciones chinas han superado la suma de las inversiones en fútbol realizadas por otros 40 países. Según el informe, los inversores chinos se decantan por equipos de alto nivel de los que intentan hacerse con participaciones mayoritarias. Y para muestra un botón: desde el Inter de Milán y el AC Milan, hasta el Olympique de Lyon (Francia) o el Atlético de Madrid, pasando por el Reading británico o el checo Slavia de Praga, sin olvidarnos del Manchester City, donde los chinos comparten en minoría con jeques emiratíes.

¿A qué se debe este furor inversor en equipos de fútbol? ¿Es rentable invertir en fútbol? Según los responsables del informe, esta escalada de China es una consecuencia de haberse convertido en potencia económica: ahora además, quiere ser una potencia global fútbolística.

Las primeras muestras del interés de inversores asiáticos por el fútbol español vinieron por el Atlético de Madrid y el Valencia. Wang Jianlin, propietario del grupo chino Wanda, adquirió en 2015 el 20% del Atlético de Madrid por 45 millones de euros, después de haberlo intentado con el Valencia, cuyo 70% finalmente fue comprado por el millonario de Singapur, Peter Lim, que desembolsó 94 millones de euros.

La línea de inversión que siguen los asiáticos es similar a la que emplean también en el sector inmobiliario, con compras principales y de poco riesgo que les proporcionan rentabilidades seguras aunque sean bajas. Una estrategia diferente a la que siguen otros inversores europeos y americanos que apuestan por equipos inferiores con el objetivo de dar valor al club y lograr mejorar su categoría. Ahí tenemos el ejemplo del catarí Al Thani que compró al Málaga (2010); del mexicano Carlos Slim que adquirió al Real Ovieo (2012), del belga Roland Duchalet que adquirió al Alcorcón (2014); o del luxemburgués de origen gallego Gerard López, que compró el Lugo (2015).

En España, los resultados que garantizan la inversión residen en el reparto de los derechos televisivos, vigente desde 2015: los ingresos por televisión de los equipos de la liga se reparten en un 50% de forma proporcional entre todos los clubes mientras que el restante 50% se destina a los equipos según sus resultados deportivos y los impactos por audiencia y publicidad de cada uno.

Otra ventaja que también atrae capital extranjero es la aplicación de las normas de transparencia a raíz de la entrada en vigor de la Ley de Transparencia en enero de 2015 que obliga a los clubes a presentar información económica, estatutaria y presupuestaria en sus webs. Esta transparencia, sin duda, ha permitido un mayor acercamiento al fútbol como práctica empresarial.

Es curioso que en España, a diferencia de otros países europeos, los equipos de fútbol más potentes no coticen en bolsa para buscar o aumentar liquidez como lo hacen Juventus, Manchester United, Oporto, Roma, Borussia Dortmund, Sporting de Lisboa, Galasataray, Celtic y Tottenham hasta un total de 22 agrupados en el índice de referencia Stoxx Europe Football. Hay varias razones que lo explican: primero, porque deberían convertirse en sociedades anónimas Deportivas y no todos lo son; en ese caso, deberían acatar la Ley de Transparencia; y en tercer lugar, y a la vista de otras experiencias, los asesores lo consideran un negocio de alto riesgo (lesiones, amonestaciones, etc.).

Así pues, la inversión privada sigue siendo la fórmula favorita de inversión del fútbol español donde la corrupción, el blanqueo de dinero y los negocios inmobiliarios han estado a la orden del día. Por ello, o a pesar de ello, las cantidades de dinero que se manejan son astronómicas; no sólo por los partidos, sino por los negocios que genera: derechos televisivos, merchandising y contratos de publicidad. Según la auditora Deloitte, en España, el fútbol profesional crea en torno a 85.000 puestos de trabajo, directos e indirectos, y aporta 9.000 millones a la economía nacional. Así que, está claro que más que un deporte, el fútbol representa todo un negocio.

Autora: Elvira Calvo (14 julio 2017)

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