El desafío global de la fiscalidad en Internet: nuevos impuestos y acuerdos globales para frenar el fraude

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Tiempo de lectura: 7 minutos

Han revolucionado el mercado, los modelos de negocio tradicional y los hábitos de consumo. Son empresas online y particulares que operan exclusivamente a través de Internet. Generan actividad comercial y riqueza, así que, además de curiosidad, han despertado el interés y la necesidad de un nuevo marco tributario para hacer efectiva la fiscalidad en Internet.

El imperio GAFA en el punto de mira de la fiscalidad online

El empeño no es nuevo. Las grandes compañías tecnológicas han demostrado en los últimos años estrategias fiscales extremadamente hábiles para suavizar o eludir sus obligaciones tributarias.

Google, Amazon, Facebook y Apple son el paradigma de la era digital. El imperio GAFA: multinacionales con millones de clientes en todo el mundo, con capacidad financiera, capital humano, tecnología y datos en abundancia para seguir expandiendo sus servicios.

No son las únicas. Airbnb, Booking, Netflix, Spotify… Sus cuentas de resultados son abrumadoras, en parte, gracias a los efectos de la globalización que dificulta la contabilidad de las empresas y hace inservibles los mecanismos tradicionales de control contra la evasión fiscal. Las grandes plataformas digitales operan en todo el mundo, están en todas partes y cuentan con una estructura societaria que les permite aprovechar la competencia fiscal entre países para reducir su carga impositiva.

En Europa, Irlanda, Luxemburgo y Holanda son los destinos preferidos de los gigantes tecnológicos para establecer su sede y operar con el resto de sus filiales, sirviéndose incluso de paraísos fiscales para trasladar sus beneficios y burlar el pago de impuestos. La mayoría no los declaran en los países donde están sus clientes, sino en territorios de baja tributación.

Su planificación incluye privilegios, prácticas abusivas y resquicios legales que demuestran la insolvencia de las normas internacionales en materia tributaria. Las autoridades lo saben, los Estados lo sufren y aunque en los últimos años la Comisión Europea ha castigado algunos excesos con multas ejemplares, los países desarrollados aspiran a un acuerdo global para combatir la mala praxis y atajar la fiscalidad en Internet.

Fiscalidad en Internet: nuevos impuestos para un entorno global

El caso de las grandes plataformas tecnológicas es un ejemplo relevante y muy representativo de los riesgos fiscales derivados de la economía digital, pero no es el único desafío tributario que presenta el eCommerce.

Hablamos de comercio a través de Internet entre empresas, consumidores y administraciones públicas en un entorno global, deslocalizado, con múltiples puntos de acceso virtuales y medios de pago más flexibles; transacciones online en un contexto transfronterizo en el que todas las modalidades de negocio (B2B, B2C, C2C, B2G) tienen interés fiscal pero no una regulación homogénea capaz de garantizar una recaudación adecuada a las necesidades financieras de las haciendas nacionales sin crear tratos discriminatorios ni distorsiones tributarias.

Se necesitan soluciones coordinadas, propuestas globales sobre la fiscalidad en Internet que demuestren neutralidad, eficiencia, seguridad jurídica, sencillez, efectividad, justicia y flexibilidad; principios básicos sobre los que trabajan diferentes organismos internacionales como la Unión Europea (UE), la Organización Mundial del Comercio (OMC), el G20 y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Mercado Único Digital: en busca de una fiscalidad online más justa

La Unión Europea ha apostado por un Mercado Único Digital en beneficio de las empresas y los consumidores. Nuevas reglas: generales, más simples y en igualdad de condiciones para todos los Estados miembros.

Una de ellas tiene que ver con la recaudación del Impuesto sobre el Valor Añadido y supone una reforma que pretende reducir el fraude del IVA por transacciones a distancia, valorado en unos 5.000 millones de euros anuales. Los Veintiocho tienen hasta finales de 2020 para transponer la normativa comunitaria aprobada a finales de 2017. En la práctica:

  • Mantiene la ventanilla única para el registro del IVA de las ventas a distancia dentro de la Unión Europea y propone la creación de un nuevo portal para las ventas a distancia desde terceros países por valor inferior a 150 euros.
  • Los comerciantes online ya no tendrán que registrarse a efectos del IVA en cada uno de los Estados miembros en los que vendan y por lo tanto se reducirán los costes de cumplimiento de las obligaciones del IVA para las operaciones entre empresa y consumidor.
  • El IVA se abonará en el Estado miembro del comprador con el fin de garantizar una distribución más justa de los ingresos fiscales entre los Estados miembros.
  • Se suprime la exención del IVA aplicable a pequeños envíos desde terceros países, de menos de 22 euros. En la actualidad la mayor parte de las mercancías importadas por ventas a distancia entran en la UE exentas de IVA, lo que da lugar a una competencia desleal para las empresas de los Veintiocho.
  • En el caso de pymes y startups, las operaciones transfronterizas inferiores a 10.000 euros podrán regirse por las normas de IVA nacionales.

Un acuerdo global sin consenso para una fiscalidad en Internet más equitativa

Más allá de la Unión Europea, existe un acuerdo general sobre la necesidad de crear un nuevo marco tributario, una solución global para responder a los retos del negocio digital.

Los principales socios del G20 coinciden en que hay que seguir trabajando de forma colectiva pero falta consenso para fijar los criterios que deben guiar las nuevas políticas de fiscalidad en Internet.

El último informe presentado en el mes de marzo por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico revela una gran brecha entre un bloque liderado por Estados Unidos y otro en el que están algunos de los grandes países de la UE, como Francia, Alemania, Italia o España.

El problema radica en cómo definir en la actividad online un establecimiento estable, una empresa susceptible de ser sometida a las obligaciones fiscales de un Estado.

Estados Unidos defiende que las compañías deben pagar impuestos allí donde generan valor, mientras que el otro bloque sostiene que el negocio de esas sociedades depende de la interacción con los clientes que se conectan a sus servicios por todo el mundo, por lo tanto, deben tributar en cada uno de los países donde se establecen esas conexiones, por las actividades y los beneficios que generan en cada territorio.

Pero las grandes compañías son reacias a presentar sus datos de facturación desglosados por países. Su planificación fiscal sugiere maniobras más opacas en busca de las tasas impositivas más favorables, un aspecto que el Plan de Acción de la OCDE contra la erosión de bases imponibles y el desvío de beneficios (BEPS, Base Erosion and Profit Shifting) busca solucionar obligando a las empresas de más de 750 millones de facturación a informar de los beneficios, los trabajadores, los activos y los impuestos que pagan en cada territorio en el que operan.

¿Viejos impuestos o nuevas tasas?

Las grandes potencias económicas se dan de plazo hasta el año 2020 para alcanzar un acuerdo de consenso sobre la fiscalidad en Internet, pero no todas están dispuestas a esperar. El bloque europeo ya ha anunciado medidas de presión contra Google, Amazon, Facebook y Apple para que paguen impuestos justos en cada Estado miembro.

Francia, España, Alemania e Italia han acordado una propuesta conjunta para crear una nueva tasa, un impuesto sobre la facturación de estas empresas cuya recaudación permita compensar lo que estarían dejando de abonar en Impuesto sobre Sociedades.

Medidas de presión fiscal para las grandes compañías tecnológicas pero también para empresas y particulares relacionados con el comercio de bienes y servicios online. A falta de un pacto global, los Estados también actúan de forma unilateral. 

Desde el año 2014 la Agencia Tributaria defiende un control más exhaustivo de la actividad eCommerce. Mayor vigilancia e intercambio de información para repercutir en cada caso los impuestos directos e indirectos derivados de las transacciones comerciales a través de Internet, siguiendo en muchos casos los mandatos de las políticas tributarias nacionales que rigen el viejo comercio.

Las ventas online entre particulares también tributan

Más que un anuncio fue un recordatorio por parte de Hacienda. Las operaciones online entre particulares en webs como eBay o Chicfy están sujetas al Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales (ITP) en su modalidad de Transmisiones Patrimoniales Onerosas (TPO) y deberán tributar al tipo impositivo que marque cada comunidad autónoma.

Si además, las ventas de esos bienes de segunda mano generan beneficios deben tributar en el IRPF como ganancia patrimonial.

El aviso corrió como la pólvora a final de año pero no representa ninguna novedad, porque la compraventa de productos usados entre particulares a través de plataformas digitales como Wallapop o Vibbo debe cumplir las mismas normas tributarias que en el comercio tradicional.

En el eCommerce quedan registradas y el fisco lo tiene más fácil para localizarlas, y aunque lo cierto es que hasta el momento solo se aplicaba cuando se hacían compraventas importantes, la Agencia Tributaria podrá pedir en cualquier momento las bases de datos a las plataformas de comercio online para investigar estas transacciones.

Imagen: DepositPhotos

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Ir a la fuente / Author: Susana Rois