¿Cámara Réflex o Mirrorless para Vídeo? Te Cuento Mi Experiencia

El vídeo es fotografía en movimiento, por eso no es de extrañar que a muchos amantes de la fotografía también les apasione esta otra materia. Además hoy en día, con las nuevas cámaras que están saliendo al mercado, cada vez resulta más fácil poder practicar ambas disciplinas con la misma herramienta.

Hoy voy a lanzarte una cuestión que seguro que ya te has planteado alguna vez para hacer fotos pero no para hacer vídeos: ¿qué es mejor una cámara réflex o una cámara evil/sin espejo? Más que una respuesta contundente, lo que haré será contarte mi propia experiencia y explicarte cuáles fueron las razones por las que acabé decantándome por una de ellas. ¿Te quedas conmigo para descubrirlo?

Repasando Ambos Sistemas

¿Cámara réflex? ¿Cámara evil/mirrorless? Si todavía no sabes qué diferencias hay entre estos dos tipos de cámara, entonces te recomiendo que le eches un vistazo a los siguientes artículos:

Sobre todo nos tiene que quedar claro que la diferencia más notable es que las réflex poseen un visor óptico, ya que la luz que entra a través del objetivo se refleja en un espejo y luego llega al visor; mientras que las cámaras evil/mirrorless poseen un visor electrónico, ya que no tienen espejo y la luz llega directamente al sensor.

Pero bueno, no me quiero extender en profundizar en las diferencias entre ambos tipos de cámaras porque eso como te comentaba ya lo hemos hecho en otros artículos. Ahora lo que nos interesa es ver qué nos ofrecen ambos sistemas en cuanto a la grabación de vídeo. Veámoslo por partes.

Disfrutando del Vídeo

¿Sabéis qué responder cuando os preguntan si queréis más a “mamá” o a “papá”? Pues eso mismo me pasa a mí cuando me preguntan si prefiero el vídeo o la fotografía. Siempre he sentido que mi corazoncito tenía un hueco por igual para ambas disciplinas, y que ninguna de ellas estaba por encima de la otra. ¿Por qué elegir cuando puedo disfrutar de ambas?

La fotografía me da la capacidad de inmortalizar momentos para recordarlos para siempre, para transmitir un mensaje o una sensación a través de una única imagen, y eso es impresionante. Pero cuando quieres ver o recordar cómo era algo o alguien realmente, el vídeo es el rey. En una fotografía no puedes escuchar una voz, o ver cómo se dibuja la sonrisa de un ser querido. Tampoco puedes ver el movimiento del agua del mar o cómo una cascada caía con fuerza sobre un río. Todos esos detalles se captan mejor con imágenes en movimiento.

Así que al final uno mismo tiene que saber cuándo es el momento para hacer una captura, o cuando es el momento para grabar vídeo. Puede que la situación incluso dé para las dos cosas, y en esos casos hay que tener el equipo adecuado para poder afrontarla.

Hace unos cuantos años era prácticamente imposible utilizar una misma herramienta para practicar ambas materias, y aunque la cámara nos brindara esa posibilidad, una de ellas siempre tenía una calidad bastante baja. Las cámaras de vídeo eran para hacer vídeo, y las cámaras de foto eran para hacer foto, y no había más. Eso implicaba que si querías dedicarte a ambas disciplinas necesitabas llevar dos cámaras diferentes encima, y tener presupuesto para ambas, claro está.

Con el tiempo y los avances tecnológicos eso ha ido cambiando. Las cámaras réflex empezaron a incorporar la grabación de vídeo ya con una calidad destacable, además con la ventaja de poder usar la textura que tanto nos gusta de este tipo de cámaras en un vídeo, con sus desenfoques y sus escasas profundidades de campo, algo que queda muy cinematográfico. Y más recientemente llegaron las cámaras sin espejo, que sin duda trajeron consigo unas cuantas ventajas respecto a este tema.

Yo tuve la gran suerte de que en mi casa el tema audiovisual siempre ha estado muy presente, así que empecé grabando los vídeos familiares con las cámaras de vídeo Sony CCD-TR810E, Panasonic NV-GS70 y Canon HDV20. Cámaras que como indicaba antes eran para hacer vídeo. Hasta que llego a mis manos mi primera réflex digital, la Canon 550D. Con esta cámara aprendí a empezar a trabajar mis dos pasiones con una única herramienta.

Primeros Cambios

¿Cuáles fueron los primeros cambios a los que me tuve que enfrentar? Uno de los más notorios era la propia forma y ergonomía de la cámara. Mis anteriores cámaras de vídeo eran más alargadas y tenían un agarre para que pusieras la mano dentro y la cámara no se moviera de ahí, lo cual también te aportaba un extra de estabilidad a la hora de grabar. Ahora la cámara ya no se cogía así. Ahora tenía en mis manos una cámara de fotos, que iba colgada a mi cuello con su cinta y que tenía que sujetar con las dos manos.

Otro punto importante es que había que cambiar el chip. La misma herramienta me servía para ambas cosas, pero tenía que aprender a configurar la cámara de manera rápida para cada situación. Si no estabas en el modo vídeo, por mucho que le dieras al botón de grabar no se grababa nada, porque lo único que estaba haciendo era activar el modo Live View de la cámara. Así que había que acostumbrarse a pensar en ello.

Uno de los cambios más notorios sin duda era el enfoque. Hasta el momento no me había tenido que preocupar en enfocar la imagen. A pesar de contar también con un modo manual, el enfoque de las cámaras de vídeo con las que trabajaba siempre lo tenía en modo automático, así que yo apuntaba y la cámara hacía el trabajo. Pero eso cambió de forma radical con la réflex. Aquí el enfoque era totalmente manual.

¿Qué suponía eso? Pues que tenía que aprender a trabajar con el anillo de enfoque del objetivo y saber que esa forma de trabajar tenía límites. Por ejemplo, para grabar objetos en movimiento tenía que estar reenfocando continuamente y contar con los sucesivos fallos que se daban al pasarme el punto idóneo y tener que volver a llevar el anillo un poco hacia atrás. Lo mismo ocurría si era yo la que me movía por una escena. O trabajaba con aperturas amplias o el enfoque se iba al garete.

Cuando colocaba la cámara sobre trípode y el sujeto u objeto estaban quietos perfecto, pero ser precisos reenfocando constantemente era una tarea muy difícil.

Y algo parecido ocurría con el “zoom”. Con la cámara de vídeo solo tenía que darle al botón de acercar y alejar y el zoom iba progresivamente. Ahora, si colocaba lentes zoom en la cámara y quería acercarme al sujeto en plena grabación tenía que mover yo la lente de un lado a otro con los consecuentes trompicones que eso provocaba en la imagen. Aunque también es cierto que el empleo del zoom durante la grabación está más pensado para vídeos caseros que profesionales. Al final te acostumbras a trabajar sin él, y si quieres acercarte te acercas tú físicamente al elemento que estás grabando. Así que esa es una de las enseñanzas que extraje de este cambio.

El poder trabajar con diferentes lentes desde luego fue un punto muy ventajoso, porque ahora podía trabajar con aquella que más me convenía según la situación, y aprovechar sobre todo las grandes aperturas de las focales fijas. Además, también estaba trabajando con un sensor más grande, y la textura que tenía la imagen era muy distinta a la que me ofrecía la cámara de vídeo. Ahora era todo como más cinematográfico.

Como punto negativo, en la cámara réflex solo podía ver a través del live view, y en condiciones en las que había mucha luz en el entorno eso suponía un problema, porque el visionado no era bueno y en más de una ocasión grabé imágenes que estaban mal expuestas o incluso desenfocadas.

También cabe destacar que seguía trabajando con una cámara de fotos, y eso tenía sus consecuencias, como un consumo de batería muy elevado, recalentamiento de la cámara al grabar vídeo, y una mala estabilización.

Otro cambio importante fue el sistema de almacenamiento, ya que en mis primeras cámaras de vídeo el metraje se grababa en una cinta mini DV, mientras que ahora todo pasaba por una tarjeta SD, lo cual ayudaba a la hora de transferir los archivos de una manera más cómoda y rápida al ordenador.

Un Paso Más: El Cambio de Réflex

Tras un tiempo trabajando con esta cámara, y debido a algunas necesidades, cayó en mis manos la Canon 7D. Una réflex más avanzada, que realmente era la hermana mayor de la Canon 550D ya que poseía el mismo sensor, pero con unas características y funciones más orientadas al uso profesional.

¿Qué mejoras noté respecto a su antecesora para grabar vídeo? Pues una mayor calidad de la pantalla, más luminosa y con mayor resolución, lo cual ayudaba a visualizar mejor el contenido durante la grabación, aunque seguía teniendo problemas cuando había un exceso de luz en el ambiente.

Respecto al enfoque y la estabilización seguíamos igual. Tened en cuenta que esta compra fue debido también a una oferta muy suculenta, y a que en fotografía sí que me ofrecía bastantes mejoras en cuanto a funciones.

¿Qué pasó entonces? Pues que empecé a grabar los fototips de dzoom, videotutoriales para la zona premium en los que necesitaba que los automatismos funcionaran, porque en la mayoría de ocasiones tenía que grabarme yo sola y la opción manual me complicaba muchísimo el trabajo. Necesitaba una cámara que tuviera funciones automáticas para vídeo, y a ser posible, que me permitiera conectarla a alguna aplicación para poder controlarla remotamente a la hora de grabarme yo misma.

Por otro lado, no fue hasta que vi una comparación de un clip de vídeo de mi querida Canon 7D con el de una cámara evil que grababa en 4k, cuando me di cuenta de que había un salto bastante importante de calidad. Ya no solo de las funciones que necesitaba para trabajar de manera más cómoda, sino de calidad de imagen.

Hoy en día las réflex se han puesto más las pilas en este tema y puede que las diferencias no sean tan notorias, pero en mi caso y en aquel momento lo fueron, y por eso me lancé a buscar la que sería mi próxima cámara.

Probando el Sistema Mirrorless

Y entonces llegó ella. No era ni la cámara más cara del mercado ni la mejor, pero sí la que yo necesitaba. La Panasonic Lumix G7. Una cámara muchísimo más ligera que la Canon 7D, y con bastantes mejoras para grabar mis vídeos.

Como mejoras destacables, lo primero el enfoque. Esta cámara ya tenía enfoque automático y continuo para vídeo. No es perfecto ni mucho menos, pero ya era un avance enorme para mi. Además en el caso de trabajar con el enfoque en manual, disponía de una ayuda muy grande con el focus peaking, que es una especie de chivato de la cámara que te remarca con algún color cuál es la zona de la imagen que está enfocada para que puedas asegurarte de que el foco está donde quieres.

Además, la exposición automática funcionaba bastante bien para mi sorpresa, y aunque hay situaciones en las que grabar en modo manual es obligatorio, son otras muchas las que podía resolver bien con el modo automático, sobre todo aquellas en las que requería rapidez.

Fragmento Fototip Cámaras de Fotos para Vídeo – Mi Experiencia Personal

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Ir a la fuente / Author: Silvia Illescas

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