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Bicicletas de hidrógeno: la última propuesta para la movilidad del futuro

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La empresa francesa Pragma Industries fabrica bicicletas de hidrógeno, que permiten una asistencia eléctrica al pedaleo.

La ciudad de Biarritz tiene una costa escarpada, olas furiosas que la acarician y algunas casonas levantadas para el veraneo de la vieja nobleza europea. Pero sobre todo Biarritz tiene un agradable pasear, ya sea junto al verde del mar o atravesando su centro adoquinado.

Cuando el paseante se sale de los adoquines y los edificios bajos del centro más turístico llegan las pendientes. Para bajar no hay problema, pero las subidas ya son otra cosa. Quizá fue pensando en estos desequilibrios como a la empresa local Pragma Industries se le ocurrió fabricar bicicletas de hidrógeno.

Lo más fácil habría sido una bicicleta eléctrica, una tecnología probada, que se produce de forma sencilla en muchas partes. Pero la gente de Pragma Industries tiene otro concepto de la movilidad urbana.

Ambos conceptos de bicicleta pueden ofrecer asistencia eléctrica durante unos 100 kilómetros. Pero a partir de ahí todo cambio. Una eléctrica puede tardar horas en recargar su batería. Las bicicletas de hidrógeno de la compañía francesa llenan su depósito de hidrógeno en unos minutos.

Después está el peso. Estas bicis de hidrógeno tienen un depósito de dos litros. Para hacerse una idea y poder comparar: un kilo de hidrógeno tiene 600 veces la energía de un kilo de ion litio.

Por el momento Pragma Industries ha vendido sus bicicletas de hidrógeno a algunos municipios franceses. Sain Lo, Cherburgo, Chambéry o Bayona han comprado entre todos ellos 60 unidades. Las cosas van poco a poco, pero este el producto no tiene un precio económico en comparación con las eléctricas.

Cada bicicleta cuesta unos 7.500 euros , pero también hay que pagar 30.000 euros por una estación de carga de hidrógeno. Son costes altos, especialmente para el mercado de consumo. Aunque la empresa ya trata de reducir el precio de las bicis a 5.000 por unidad.

Pragma Industries produjo 100 bicicletas el pasado año y tiene previsto fabricar otras 150 en 2018. Le han pedido producto desde Noruega, Estados Unidos, Alemania, Italia e incluso España. Mientras tanto, su meta a medio plazo pasa por entrar en el mercado de consumo en dos o tres años.

El hidrógeno no es una forma de energía propiamente dicha sino un vector energético. De aquí se derivan todas las diferencias entre los vehículos eléctricos y los de hidrógeno. Y es que los segundos tienen motor eléctrico, pero la energía se almacena en este compuesto, en forma de gas a presión. Por eso requiere de hidrogeneras o estaciones de repostaje especiales, una de las principales barreras para su adopción. Tal vez la bicicleta sea una puerta de entrada más efectiva a la economía del hidrógeno que, por ejemplo, los coches.

Imágenes: Free-Photos, Pragma Industries

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Ir a la fuente / Author: Pablo G. Bejerano

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